La última palabra

La última palabra

Con nostalgia recuerdo mis primeras clases en la Universidad, cuando estaba llena de temores, de sueños y de expectativas. Mi profesora, a quien nunca logré simpatizarle, nos dijo “el lenguaje crea realidad, y en cuanto antes lo entiendan, mucho mejor”. Esa oración me quedó siempre dando vueltas y hasta el día de hoy es parte de mi “filosofía”. Efectivamente, el lenguaje crea realidad, lo que yo digo comienza a ser un hecho, algo que veo y que existe.

No sé si les ha pasado a ustedes, pero cuando uno está enamorado y habla de la persona que ama pareciera que la ama aún más, es como que todo lo bueno que tiene se hace aún más evidente y a través de lo que voy diciendo, me voy dando cuenta o “veo” al compañero o compañera que tengo. Cada vez que hablo, construyo una realidad.

Si comienzo el día diciendo que está horrible, que será pesado y que está lleno de cosas que no tengo ganas de hacer, mi disposición frente a este día que comienza evidentemente no será la mejor y mi día se perfilará de acuerdo a lo que he declarado con los dichos de mi boca. Por el contrario, si comienzo mi día declarando que será bueno, que tendrá situaciones difíciles pero de las cuales aprenderé, que estoy optimista con respecto a lo que vaya a ocurrir, mi disposición y ánimo también cambiará.

Hace un tiempo atrás leí la historia de un hombre que tenía cáncer a la garganta y que en el breve plazo no podría hablar o emitir sonidos, puesto que la única forma de salvarle la vida era extirpándole todas las estructuras físicas encargadas de esta importante función. El mismo día de la operación, en la camilla y antes de que lo adormecieran por completo para empezar la intervención quirúrgica, el médico le pregunta si hay algo que le gustaría decir, puesto que esas serían las últimas palabras que emitiría. El hombre tendido sobre la camilla, con los ojos puestos en los ojos del médico balbucea una palabra que no puede entenderse muy bien, la vuelve a repetir sin ser escuchada por el doctor pero sí por el anestesista que estaba a su lado, la repite hasta quedarse totalmente dormido…

Al terminar la operación con éxito, extirpándole el tumor canceroso y transformando al paciente en una persona sin la posibilidad de hablar, el doctor se acerca al anestesista y con curiosidad le pregunta cuál fue la última palabra del paciente. El anestesista lo mira y sonriéndole le dice: “Su última palabra fue JESÚS”.

Me pregunto a mí misma y les pregunto a ustedes ¿cuál sería nuestra última palabra si estuviéramos en esta situación? Yo quiero que mi última palabra también sea JESÚS…. ¿Y la tuya?

Autora: Poly Toro

Escrito para www.mensajesdeanimo.com



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